“Cada uno tiene una patria por nacimiento y otra por elección. La primera no podemos elegirla, la segunda sí, la hacemos en el transcurso de nuestra vida. Un solo viaje o varios viajes, encuentros casuales o atentamente buscados, movimientos reales o simplemente un viaje interior que te llevan a conocer un territorio que sientes poder amar desde el primer instante. Cada uno tiene una patria electiva, solo hay que descubrirla.”
Así escribía mi querida amiga campana, Francesca, en una historia jamás publicada en donde describía desde sus paños de italiana a Londres, de su amor por el Sur de Italia y en particular por el Salento, el taco de la bota, mi tierra, donde durante los años en la Universidad de Roma había podido transcurrir muchos veranos junto a mi familia y a mí.
Soy parte de la generación de “el futuro es ahora"nuevos migrantes italianos“, de ese nuevo fenómeno migratorio definido“fuga de cerebros“, a menudo se dice que ya no se viaja con "la maleta de cartón", que los medios de comunicación cambiaron y por eso las distancias son más cortas, pero sobre todo que se viaja por elección y no por necesidad. Si bien este último punto es discutible, la verdad es que yo, (como tantas otras personas de mi misma edad), tuve la posibilidad de conocer muchas realidades diversas a la mía, lugares cercanos y lejanos en los cuales me sentí como en casa, pero que tuve que abandonar en el momento en que terminaba el proyecto de intercambio.
Viví en España, en Inglaterra y en los Estados Unidos, pero el lugar que más quedó en mi corazón es Argentina. Amé profundamente esta tierra y la sentí mía desde el primer día, cuando en aquél lejano Julio del 2010 atravesé por primera vez el océano. Sabía que en Argentina habían llegado italianos con el flujo migratorio de los años 1800 y 1900 pero jamás había imaginado encontrar allí tan vivo el recuerdo de Italia en las personas que la habían dejado tantos años atrás y tan presente en sus descendientes.
Mi primer contacto con la comunidad italiana fue en la “Asociación Pugliese de Buenos Aires y Gran Buenos Aires”en donde había decidido realizar un taller formativo. Me quedé sorprendida desde el primer momento por cómo me recibieron mis compañeros y, por primera vez, encontré a algunas personas que provenían de pueblos cercanos al mío, que hablaban el mismo dialecto que mis abuelos y me miraban con mucha nostalgia porque les hacía recordar la tierra de donde ellos provenían y que habían dejado cuando tenían mi misma edad. Decidí entonces que tenía que hacer algo, quería llevar sus voces a Puglia, a su tierra de origen.
Inicié mi trabajo de investigación que consistía en recopilar testimonios, historias de vida de los salentinos que vivían en la provincia de Buenos Aires, así muchas veces me encontraba los domingos almorzando con ellos, como acostumbramos en Italia: el almuerzo del domingo en familia, que no era la mía pero que me hacían sentir como si lo fuera. He registrado 15 horas de entrevistas a salentinos de primera, segunda y tercera generación, cuido estas grabaciones como mi tesoro más preciado.
Al mismo tiempo, durante mi presencia en Buenos Aires, sentía que tenía que dar testimonio de lo que Italia era en la actualidad. Así que participé en diversas actividades relacionadas con los descendientes italianos,
como por ejemplo, el movimiento que propone la música popular del sur de Italia, el grupo “Madonna Negra”. . Me encontré bailando Pizzica (danza popular del Salento) en eventos muy importantes, entre ellos “Buenos Aires Celebra Italia”en Av. de Mayo y en otro evento en el “Teatro Coliseo” dedicado a la colectividad italiana. Si bien no soy una bailarina profesional, sentía que tenía que hacerlo porque en ese momento representaba mi tierra en Argentina.

Conocí a tantos amigos nuevos que me recibieron y me incluyeron en sus actividades, y me dieron la oportunidad de comprender a fondo lo importante que es la italianidad en Argentina, tanto dentro como fuera del sistema de asociaciones. Entre ellos menciono a Donato de Santis , el famoso chef de Apulia junto a su esposa Micaela que gracias a ellos pude observar el comportamiento de los argentinos ante la cocina italiana y todas las prácticas y rituales relacionados a esta. Recuerdo por ejemplo el “Día Internacional de la Comida Italiana”Donato me invitó para ser juez en una competencia del mejor Pesto. Aquí se puede leer un artículo que publicó el diario Clarín y da testimonio de lo que estoy contando..
Finalmente, cuando regresé de mi primera experiencia en Argentina, y mientras todavía sentía en mí todo lo que había vivido, decidí continuar tejiendo este hilo que une a Argentina con Italia organizando un evento junto a la Asociación “Zero Al Cubo” llamado “Be-IT, Unidad de Italia en el mundo”El evento fue financiado y promovido por el ente regional“Puglieses en el Mundo”En esa ocasión invitamos a algunos miembros del famoso grupo italo-argentino de danzas populares del Sur de Italia.“Alegría de Italia”que estaba de gira por Italia, buscando sus propios orígenes.
De todas estas experiencias creo que comprendí la importancia del sentimiento de pertenencia de todos aquellos que tienen sus orígenes en un lugar diferente a donde en realidad viven, y es por esto que quiero llevar adelante esta “misión” dar la posibilidad a los italianos que viven en Sudamérica de poder descubrir sus propias raíces también a través de un viaje en Italia. Darles la posibilidad de no sentirse turistas (porque no lo son) de sentirse parte del territorio de donde provienen.
Después de dos años de mi primer viaje al otro lado del océano, gané una beca de doctorado que me dio la posibilidad de que mi pasión se convierta en un trabajo, pero esta es otra historia que se las contaré después.
Argentina es mi patria electiva porque allí encontré otra Italia o tal vez una Italia mejor respecto a donde vivo. En Buenos Aires dejé mi corazón, en Buenos Aires me sentí en casa.





